En la Unión Europea, los productos cosméticos están regulados por el Reglamento (CE) 1223/2009. Cada producto debe disponer de una evaluación de seguridad, elaborada por un profesional cualificado que demuestre que no causa daño en condiciones normales o razonablemente previsibles de uso.
Este marco regulatorio ha convertido a la Unión Europea en uno de los mercados más exigentes del mundo en materia de seguridad del consumidor en cosmética.
El sistema es sólido y, durante años, ha demostrado ser eficaz para proteger la salud humana. No obstante, cuando se amplía la mirada más allá del consumidor y se considera su impacto ambiental, aparecen algunas limitaciones que merecen un análisis.
¿Por qué no se evalúa directamente el impacto ambiental del producto cosmético final?
La explicación se encuentra en la estructura legislativa europea. El Reglamento (CE) 1223/2009 regula principalmente la seguridad del producto cosmético final para el consumidor. Por otro lado, las materias primas utilizadas en la formulación de estos productos se evalúan principalmente a través del Reglamento REACH (CE) 1907/2006.
El REACH permite evaluar los peligros de las sustancias químicas, incluidos los riesgos ambientales. De hecho, muchas decisiones regulatorias que afectan a ingredientes cosméticos (como prohibiciones, restricciones de uso o límites de concentración) tienen en cuenta tanto riesgos para la salud humana como para el medio ambiente.
Esto demuestra que la seguridad ambiental sí forma parte del proceso legislativo europeo.

No obstante, en determinados casos, un ingrediente utilizado exclusivamente en cosmética y en cantidades relativamente bajas puede no disponer de una evaluación ambiental detallada, aunque su uso implique una liberación directa y repetida al medio ambiente.
El enfoque actual evidencia que, aunque existan datos ambientales para sustancias individuales, estos no siempre nos permiten extrapolar de forma directa el comportamiento ambiental del producto final en condiciones reales de uso.
Un ejemplo ilustrativo de los microplásticos
El caso de los microplásticos añadidos intencionadamente a productos cosméticos como exfoliantes, geles o maquillaje resulta especialmente ilustrativo. Estas partículas, una vez liberadas tras el uso del producto, se acumulan en ríos, mares y sedimentos, traspasando en algunos casos los filtros de los sistemas convencionales de depuración de aguas residuales.
Este impacto ambiental condujo a la adopción de la restricción de microplásticos mediante el Reglamento (UE) 2023/2055, aprobada como modificación del Reglamento REACH y no como una medida específica del Reglamento cosmético. La decisión se basó principalmente en consideraciones ambientales, no en riesgos directos para la salud humana del consumidor.
Este ejemplo muestra cómo los efectos ambientales pueden tardar años en ser identificados y regulados, mientras que la evaluación de seguridad para la salud humana es obligatoria desde las primeras fases del desarrollo del producto.

Riesgos ambientales
Más allá de los microplásticos, existen ingredientes cosméticos que pueden afectar negativamente el medio ambiente, como filtros solares con baja biodegradabilidad o determinados polímeros sintéticos persistentes.
Un producto cosmético puede ser seguro para la piel y, al mismo tiempo, podría tener impacto negativo en organismos acuáticos o en la cadena trófica, con efectos a largo plazo sobre los ecosistemas.
Estos efectos suelen ser poco visibles para el consumidor final, lo que subraya la importancia de disponer de información ambiental clara y estructurada, de forma similar a la que ya existe para la seguridad humana.
Posible alternativa: evaluar el producto final cuando falte información
Desde un punto de vista técnico, una posible evolución del enfoque actual no pasaría por evaluar ambientalmente todos los productos cosméticos de manera sistemática, sino por incorporar la evaluación del producto cosmético final cuando no se pueda justificar su “no peligrosidad” por otros medios.
Por ejemplo, un cosmético cuyas materias primas no se consideran peligrosas, resultará en una mezcla no peligrosa. Sin embargo, si un producto cosmético contiene cierta concentración de una materia prima considerada peligrosa, aunque la fórmula cosmética final pueda considerarse “no peligrosa” por estar en baja proporción, podría darse el caso que el producto cosmético final derive en un posible efecto negativo en el medio ambiente.
En estos casos, la evaluación podría integrarse como un módulo adicional dentro de la evaluación de seguridad del producto cosmético, utilizando criterios armonizados y apoyándose, siempre que sea posible, en información ya disponible. Estos criterios podrían basarse en datos procedentes de registros REACH, estudios ambientales relevantes o ensayos adicionales de biodegradabilidad y ecotoxicidad, cuando fuesen necesarios.
La existencia de criterios comunes permitiría generar información comparable entre productos y fabricantes, facilitaría la interpretación técnica y reforzaría la coherencia entre la legislación cosmética y la política química y ambiental europea. Además, este enfoque podría incentivar el desarrollo de formulaciones con mejor perfil ambiental y contribuir a una innovación alineada con los objetivos de sostenibilidad del sector.
Desde un punto de vista comercial, esta evaluación ambiental del producto final proporcionaría información suficiente para permitir reivindicaciones de respeto hacia el medio ambiente veraces, dándole un auténtico valor añadido al producto. Estas reivindicaciones ayudarían a llegar a ese público que realmente está concienciado con el impacto ambiental de los productos cosméticos.
Plantear este tipo de integración no supone cuestionar el sistema actual, sino reconocer que la seguridad de un producto cosmético no termina en su aplicación en humanos.
En el contexto actual, avanzar hacia una visión más holística de la seguridad de los productos cosméticos ayudará a reducir incertidumbres, mejorar el conocimiento disponible y reforzar la confianza del consumidor en un sector que forma parte de la vida diaria de millones de personas