El sector de la medicina y los tratamientos estéticos en el Reino Unido se encamina hacia un cambio regulatorio crucial para la protección de la salud mental de los consumidores. El National Institute for Health and Care Excellence (NICE), organismo de referencia en el ámbito sanitario británico, ha hecho público un nuevo borrador de recomendaciones dirigidas a profesionales del ámbito clínico y médico-estético. La premisa central de este borrador no es otro que evaluar formalmente a los pacientes para detectar posibles signos de Trastorno Dismórfico Corporal (TDC) o Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) antes de realizar cualquier intervención estética.
Según recoge el documento publicado por el NICE, los profesionales sanitarios y aplicadores de tratamientos estéticos deberán someter a los clientes a un cuestionario con preguntas estructuradas antes de cualquier intervención. El objetivo es explorar posibles pensamientos intrusivos o ansiedades desproporcionadas en torno a la apariencia física.
Si el cribado preliminar arroja sospechas de que el paciente sufre de TDC, una afección caracterizada por una preocupación obsesiva e insostenible por supuestos defectos físicos, el profesional tendrá la obligación de rechazar la realización del procedimiento y derivar al usuario a un especialista en salud mental. "Si se sospecha de un Trastorno Dismórfico Corporal, los profesionales no deben realizar el procedimiento, ya que este puede reforzar o empeorar la angustia y los comportamientos asociados a la condición", según indica el documento elaborado el NICE.
Un problema infradiagnosticado y grupos de alto riesgo
Desde el NICE advierten que existe un preocupante "infradiagnóstico" de estas patologías debido al estigma, la vergüenza o el miedo al juicio social, lo que provoca que muchos pacientes no compartan sus obsesiones salvo que se les pregunte directamente mediante un protocolo estructurado[cite: 1]. Se estima que el TOC afecta aproximadamente al 1,2% de la población mundial, mientras que el TDC alcanza a cerca del 2%.
Además, la nueva guía del NICE aconseja de forma explícita evaluar con especial atención a pacientes que acudan con cuadros de depresión o ansiedad, e insta a considerar estos exámenes en personas con autismo o TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), colectivos catalogados dentro del grupo de mayor vulnerabilidad[cite: 1].
Eric Power, director interino del Centro de Directrices de NICE, destaca la urgente necesidad de atajar el problema de forma precoz: "Las personas con trastorno obsesivo-compulsivo y trastorno dismórfico corporal pueden experimentar síntomas durante mucho tiempo antes de recibir el diagnóstico y el apoyo adecuados. Nuestras recomendaciones buscan ayudar a los profesionales a reconocer las señales antes, hacer las preguntas adecuadas y facilitar que los pacientes accedan a un tratamiento adecuado de forma más temprana, evitando que lleguen a situaciones de crisis[cite: 1]."
Impacto y retos para el sector de la medicina estética
Para las clínicas, salones y profesionales de la medicina estética, esta propuesta regulatoria marcará un antes y un después en los protocolos de admisión de pacientes[cite: 1]:
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Protocolos de evaluación estandarizados: la consulta inicial no podrá limitarse a la idoneidad física o dermatológica, sino que deberá integrar de forma obligatoria el filtrado psicológico[cite: 1].
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Formación del personal en salud mental: los equipos clínicos y médico-estéticos deberán capacitarse para identificar señales de alarma de TDC, TOC o neurodivergencias asociadas[cite: 1].
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Ética y responsabilidad frente al bucle de la 'adicción estética': se refuerza el compromiso del sector para no lucrarse ni incentivar intervenciones en pacientes cuya insatisfacción corporal no es física, sino psíquica, previniendo secuelas psicológicas mayores.
